Uso de las tecnologías en Psicología
En los últimos años, la
psicología, al igual que otras ramas, se ha visto directamente influenciada por
las llamadas nuevas tecnologías
de la información y las comunicaciones (TICs).
Por un lado, las nuevas
tecnologías han traído consigo nuevos problemas objeto de atención psicológica: ciberacoso,
adicción a juegos vía internet, trastornos asociados al uso y abuso de redes
sociales, etc.
Por otro lado, con
ellas surge también la oportunidad
de nuevas formas de tratamiento y aplicaciones que nos
permiten acceder a un mayor número de personas. Existen referencias en la
literatura que hacen alusión a que menos de 50% de las personas reciben el
tratamiento recomendado, ya sea por los costes, por el tiempo requerido y/o por
la falta de profesionales bien entrenados (Gaston, Abbott, Rapee y Neary,
2006). Además, ese 50% que lo reciben generalmente lo hacen una vez el problema
ya ha generado un impacto negativo en sus vidas.
Es
bien sabido que, en el ámbito de los saberes psicológicos, algunos enfoques
utilizan el concepto de mediación para defender que sujeto y objeto se
relacionan entre sí a través de herramientas culturales (físicas y simbólicas)
que intervienen en la construcción de las funciones psicológicas humanas. La
idea procede de Vygotski, quien la retrotrae a Hegel y a Marx (Vygotski, 1989:
90).2 Para Hegel, la astucia de la razón consiste en que, poniendo en relación
unas cosas con otras -mediando entre ellas-, hace que se despliegue la lógica
interna del Espíritu. Marx sustituye la razón por el trabajo y el Espíritu por
el sujeto humano, de modo que es este último, a través de su trabajo, quien se
vale de las propiedades de las cosas para lograr sus propósitos.
Vamos
a pasar lista ahora al tipo de prácticas sobre las que podría recaer un
análisis como el que se desprende de lo dicho hasta aquí. Me voy a limitar a
enumerar, a beneficio de inventario, categorías de fuentes primarias
susceptibles de ser clasificadas en ámbitos de técnicas psicológicas de
distinta índole13. Todas ellas constituyen, si se quiere decir así, formas de
“mediación” entre unos sujetos y otros -o del sujeto consigo mismo-, por cuanto
que consisten en procedimientos utilizables virtualmente por cualquier
individuo o grupo para controlar su propia actividad o la actividad ajena. Por
supuesto, en la referencia a prácticas concretas no pretendo ser exhaustivo.
Por otro lado, y en aras de la brevedad, he evitado los ejemplos textuales
porque pueden encontrarse fácilmente en las fuentes primarias y secundarias que
cito en cada caso, entre ellas algunos trabajos nuestros a los que me referí en
la presentación.
Foucault
(1990) ha denominado así a las técnicas de autocontrol helenísticas y
cristianas, decisivas en la historia del “cuidado de sí”, complemento
indisociable del conocimiento de sí mismo sobre el que suele hacer hincapié la
historiografía intelectualista cuando aborda la filosofía clásica. Las
tecnologías del yo que trata Foucault son la mnemotecnia (ligada al examen de
conciencia), la “escritura de sí” (cuadernos de notas y correspondencia
privada14; ver Foucault, 1989), la ascesis (dominio del yo a través de la
meditación y la práctica) y, dentro ya del cristianismo primitivo, la
exomologesis (revelación pública dramatizada del yo) y la exagouresis
(verbalización de los pensamientos ante un superior), antecedentes inmediatos
de la confesión, que conoce su edad dorada entre los siglos XIII y XVIII
(Delumeau, 1992; Le Goff, 1983). Estas técnicas incluyen procedimientos de
autoevaluación y autoinforme, de exposición imaginaria y en vivo a situaciones
problemáticas, de escucha activa, de uso del lenguaje no verbal o de discusión
cognitiva (Loredo, 2005). Por otra parte, Gurevich (1997, cap. 5) analiza el
género literario de las autobiografías, que eclosionó en los siglos XII y XIII,
como forma de confesion pública por escrito que, pese a su obsesión por revelar
la autenticidad de quien narra su vida, se acoge a estereotipos y lugares
comunes que sirven como estrategia retórica para justificar apologéticamente
esa vida.
A
esas tecnologías del yo podemos añadirles otras prácticas que conciernen
también al cuidado de sí mismo y a la regulación del comportamiento. Por
ejemplo, sin salir del contexto religioso, cuya finalidad era evitar o redimir
el pecado15, los libros de horas constituían métodos estandarizados para
organizar la vida a lo largo del día, pautando con la máxima precisión las
actividades laborales, los rezos y, en su caso, lo que hoy denominaríamos ocio
(un ej. en Ortiz de Taranco, 1951). Proceden también del cristianismo primitivo,
y en concreto de la regulación del tiempo en las comunidades religiosas y, más
tarde, en los monasterios. Inicialmente se basaban en la idea de que toda la
actividad del creyente a lo largo del día tenía que ir dirigida de un modo a
otro a Dios, aunque posteriormente su uso se extendió entre las familias nobles
-se conserva, p.ej., el de Isabel la Católica-, y la concepción de la vida como
una continua oración se fue flexibilizando (Ashley, 2002). Afines a los libros
de horas eran los libros de oraciones y los devocionarios, aunque en ellos las
pautas de organización de la vida diaria son, como puede suponerse, menos
explícitas, puesto que se trata más bien de manuales de oraciones pensadas
exclusivamente para los momentos dedicados a los servicios religiosos. En
general, el mundo religioso es una de las fuentes más caudalosas de tecnologías
del yo. La espiritualidad oriental hizo de ellas una característica propia, y
los textos clásicos del budismo, el taoísmo, el hinduismo o el confuncionismo
abundan en máximas dedicadas al arte de la vida y al cuidado de sí.16 El
misticismo convierte el autocontrol psicológico en un requisito para existir
como tal (dicho en sus propios términos: para acceder a la experiencia de la
divinidad). La “mirada interior” dio lugar a todo un género literario típico de
la época medieval y en el que, por cierto, las mujeres -las místicas y
visionarias- disfrutaron de uno de los pocos lugares donde adquirir presencia
pública (Cirlot y Garí, 1999). Los ejercicios espirituales, sistematizados en
el siglo XVI por Ignacio de Loyola, vienen a recoger gran parte de esas
tradiciones. Por otro lado, el misticismo occidental primitivo de los ermitaños
y los “padres del desierto”, muy influido por la espiritualidad oriental,
requería del uso de técnicas de ascetismo y renuncia basadas en el acceso a la
verdad a través de la purificación. Los Apotegmas de los padres del desierto
(VV.AA., 2003a) contienen buenos ejemplos del modo de vida de estos individuos
y de las máximas con que lo justificaban, normativizaban y transmitían. Por su
parte, los mártires cristianos y los santos llevaron la renuncia a los extremos
de la mortificación y el dolor físico entendido como vía de renuncia al yo y
acceso a la divinidad (numerosos ejemplos en Ribadeneyra, 2003, y Ruiz, 1996).
Finalmente,
podemos reivindicar para las tecnologías del yo un ámbito pensado habitualmente
como competencia de la historia de la filosofía: los textos de filósofos que no
versan sobre temas directamente filosóficos sino sobre la regulación o el
control del pensamiento y la conducta. A veces se trata de escritos donde
reflexionan acerca del modo como ellos mismos construyeron sus doctrinas. Otras
veces tienen un carácter más “mundano” y se refieren a métodos para argumentar
adecuadamente en las discusiones, por lo que confluyen con los tradicionales
tratados de retórica -otra fuente de tecnologías psicológicas-. Las Reglas para
la dirección de la mente de Descartes (1628) y la Dialéctica erística o el arte
de tener siempre razón de Schopenhauer (c.1830) constituyen dos buenos
ejemplos, al lado de los cuales podrían buscarse otros muchos. Schopenhauer
(c.1828) escribió también unos Aforismos sobre al arte de saber vivir cuyo
contenido se solapa -al igual, obviamente, que el de otras tecnologías del yo-
con el de las técnicas psicológicas dedicadas a la regulación del
comportamiento en sociedad.
Bibliografía:
Ashley, K. (2002). Creating family
identity in books of hours. Journal of Medieval & Early Modern Studies, 32
(1): 145-166.
Gaston, J. E., Abbott, M. J., Rapee, R. M. & Neary, S. A.
(2006). Do empirically supported treatments generalize to private practice? A
benchmark study of a cognitive-behavioural group treatment programme for social
phobia. British Journal of Clinical Psychology, 45, 33-48.
Ortiz de Taranco, F.M. (1951). Un libro de
horas del Conde-Duque de Olivares. Valencia: Institución Alfonso el Magnánimo.
Ribadeneyra, Pedro de (1516) [2003]. Vidas
de santos. Antología del Flos sanctorum. Madrid: Lengua de Trapo. Ed. a cargo
de O. Aguirre y J. Azpeitia.
Shopenhauer, A. (1997) [c.1830].
Dialéctica erística o el arte de tener siempre la razón (expuesta en treinta y
ocho artimañas). Traducción de Fernando Oreja. Madrid: Facultad de Filosofía de
la Univ. Complutense.
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